
Mientras mucha gente acude a los gimnasios a entrenar, no demasiados son conscientes de lo que realmente ocurre en su organismo.
Y es que a pesar de que no tengamos muchas o pocas nociones de fisiología, hay una estrecha y clara relación entre el aumento de masa corporal y de fuerza (de cualquiera de sus tipos) y el entrenamiento realizado. Es decir, aquella parte del cuerpo que entrenamos es la que sufre principalmente las adaptaciones que suelen buscarse cuando alguien va al gimnasio. Entre otras cosas por el deterioro de elementos propios de la contracción muscular y la proliferación de producción hormonal producida por dicha sesión de entrenamiento. Y tras ese esfuerzo, la correspondiente reconstrucción de estas estructuras y la supercompensación que se produce debido a la continua realización de entrenos ayudado por la correcta nutrición y descanso que se producen después.
Esto es especialmente claro cuando se llevan varios meses/años de entrenamiento y si especialmente no entrenas muy fuerte el día de piernas. Y esto suele ser así porque los principiantes (de cero a seis meses de entreno) e intermedios (de 6 a 24 meses de entreno continuado y serio) suelen tener mejoras en casi todo su cuerpo a pesar de que no siempre se entrenen ciertas partes de manera directa.
Sin embargo, cuando ya entras en el periodo de usuario avanzado (con más de dos años de entreno real y dedicado) es cuando es realmente más evidente el título de este artículo. Veamos por qué…
Cuando vamos al principio a entrenar al gimnasio y, además, somos principiantes o intermedios los ejercicios que realizamos son más multiarticulares o complejos y, por lo tanto, atañen a más músculos agonistas y sinergistas que son los verdaderos responsables del movimiento que realizamos. Ejemplos de estos ejercicios son las sentadillas, pesos muertos, dominadas, prensa, press banca, press hombros, remo con barras o en T, etc..
Con el tiempo añadimos movimientos de aislamiento como Poleas y máquinas con el objeto de realizar ejercicios de una sola articulación, que involucran normalmente un sólo músculo agonista y pocos sinergistas. Y es aquí donde queda claro el sentido de este escrito: dejar claro que aquella zona del cuerpo que entrenamos es la que concentra el desarrollo de las respuestas que buscamos al ir al gimnasio.
Lo que muchos llaman hipertrofia y que de manera más sencilla podemos denominar, aumento de tamaño muscular, es solo una de las posibles adaptaciones; por cierto, la que más tarde vas a llegar a notar de todas las posibles. Pero que probablemente sea la adaptación mas esperada de todas por su traslación a la estética y la salud corporal.
Siempre podemos usar esta correlación para entender varias cosas. Si al cabo del tiempo tenemos unos músculos más desarrollados que otros, podemos tener claro que ha sido el entreno que debería de señalar al cuerpo por dónde crecer lo que ha sido deficiente, y de esa manera explicar por qué hay partes del cuerpo más desarrolladas que otras. Y evidentemente tenemos la posible solución para revertir esta situación y buscar un desarrollo más armónico y unificado. Entrenar bien o mejor dicho, perfeccionar lo que creemos entrenar pero definitivamente NO hacemos correctamente. Fácil de decir pero mucho más difícil de identificar y de reparar a la hora de ejecutar los movimientos que quizás incluso durante años hemos pensado que eran correctos y ahora vemos que no lo fueron…