{"id":10924,"date":"2014-12-13T06:16:08","date_gmt":"2014-12-13T05:16:08","guid":{"rendered":"http:\/\/fisicos21.com\/?p=10924"},"modified":"2014-12-11T22:25:51","modified_gmt":"2014-12-11T21:25:51","slug":"estudio-sobre-las-femeninas-en-el-deporte-del-culturismo-por-mario-jordi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fisicos21.com\/?p=10924","title":{"rendered":"Estudio sobre las f\u00e9meninas en el Deporte del Culturismo, por Mario Jordi"},"content":{"rendered":"<h3>Estudio sobre las categor\u00edas femeninas del Deporte del Culturismo por Mario Jordi<\/h3>\n<p>Mario Jordi S\u00e1nchez profesor de la Universidad de Pablo Olavide (Sevilla) ha realizado un estudio en profundidad de los comportamientos que entre\u00f1an el culturismo en su versi\u00f3n femenina.<\/p>\n<h3><!--more--><\/h3>\n<h3 class=\"_post_big_title\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" id=\"__wp-temp-img-id\" src=\"https:\/\/lh3.googleusercontent.com\/-UQ0WHUdFN0U\/VIoLoI7e5PI\/AAAAAAAA_pc\/_5AgT1YriYs\/w700-h240-no\/_GazetaAntropologia.gif\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"240\" \/>El m\u00fasculo negado. Placer artesano y relaciones socio-afectivas en el culturismo femenino<\/h3>\n<div class=\"_post_custom_title_content\">Muscle denied. Craft pleasure and socio-emotional relationships in female bodybuilding<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Publicado originalmente en la Revista Gazeta de Antropolog\u00eda, n\u00ba. 30 (3) noviembre de 2014.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 License<\/strong><\/p>\n<div class=\"_post_author\">Mario Jordi S\u00e1nchez<\/div>\n<div class=\"_post_author_biography\">Universidad Pablo de Olavide. Sevilla (Espa\u00f1a)<\/div>\n<div class=\"_post_author_biography\"><\/div>\n<div class=\"_post_author\">CUERPOS, SEXUALIDADES Y PODER<\/div>\n<div class=\"_post_author_biography\">MONOGR\u00c1FICO COORDINADO POR JOS\u00c9 MAR\u00cdA VALCUENDE. Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<div class=\"_post_custom_resumen_label\">RESUMEN<\/div>\n<div class=\"_post_custom_resumen_content\">A partir de una investigaci\u00f3n cualitativa basada en observaci\u00f3n participante y entrevistas en profundidad, en este art\u00edculo se analizan las experiencias corporeizadas de mujeres en el \u00e1mbito del culturismo. En primer lugar, se debaten algunas implicaciones asociadas al uso de la teor\u00eda subcultural en este \u00e1mbito. En segundo lugar, se aplican los conceptos de ascetismo y artesan\u00eda al culturismo femenino. Finalmente, se analizan las relaciones socioafectivas de las mujeres culturistas en relaci\u00f3n con sus posibilidades creativas y regenerativas. Como aportaci\u00f3n, se alude al re-nacimiento de las mujeres culturistas dentro de la experiencia fenomenol\u00f3gica de habitar un cuerpo, que se vincula con su experiencia de placer artesano en el gimnasio.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"_post_custom_abstract_label\">ABSTRACT<\/div>\n<div class=\"_post_custom_abstract_content\">Drawing from participant observation and in-depth interviews, we evaluate in this paper bodily experiences of female bodybuilders. Firstly, we debate some implications associated with the use of subcultural theory in this area. Secondly, we apply the concepts of asceticism and craftsmanship to the field of women&#8217;s bodybuilding. Finally, we analyse the socio-affective relations of these female bodybuilders in relation to their creative and regenerative potential. The findings reflects the re-birth of female bodybuilders within the phenomenological experience of inhabiting a body which is linked to their experience of pleasure in the gym.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"_post_custom_palabras_clave_label\"><\/div>\n<div class=\"_post_content\">\n<p><strong>1. Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La presencia del m\u00fasculo en el cuerpo de la mujer presenta en nuestra sociedad no pocas contradicciones y paradojas que pueden vislumbrarse claramente en las pr\u00e1cticas deportivas, de las que el culturismo presenta un caso enormemente sugerente. Se trata este de un deporte fundamentado en el provecho de la imagen, no en el desempe\u00f1o concretado en una marca, en un tiempo o en la consecuci\u00f3n del levantamiento de un peso, como s\u00ed ocurre en su deporte hermano, la halterofilia. Su objetivo es una determinada configuraci\u00f3n corporal, que se considera alcanzada delante del espejo o ante los ojos de otros\/as. Cualquier persona (o m\u00e1s espec\u00edficamente, monitores, entrenadores o jueces en las variantes m\u00e1s desarrolladas y\/o de competici\u00f3n) se puede habilitar como tasador del resultado alcanzado. El cuerpo supera cualquier atisbo de neutralidad y se convierte as\u00ed en el centro de atenci\u00f3n, en la medida del nivel de desarrollo alcanzado, en el objeto de las comparaciones con otros cuerpos.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter interpelador que desempe\u00f1a el cuerpo se eleva hasta sus cotas m\u00e1ximas en el caso del culturismo femenino, a lo que contribuyen las construcciones sociales de g\u00e9nero dominantes en la sociedad y sus correspondientes rigideces. En nuestro pa\u00eds, tales rigideces han llevado adem\u00e1s a que la categor\u00eda deportiva del culturismo femenino haya entrado en declive desde los a\u00f1os 90, hasta llegar hoy a su pr\u00e1ctica desaparici\u00f3n en cuanto a competiciones de car\u00e1cter nacional. <a href=\"http:\/\/www.gazeta-antropologia.es\/?p=4618#N_1_\">(1)<\/a> As\u00ed, la idea de mujeres musculadas desafiando el l\u00edmite de las normas sociales del momento no s\u00f3lo ha causado esc\u00e1ndalo social, sino que ha abonado el terreno para adoptar posiciones ideol\u00f3gicas, epistemol\u00f3gicas o acad\u00e9micas encontradas. En el caso de las Ciencias Sociales, la problem\u00e1tica asociaci\u00f3n entre muscularidad y feminidad ha proporcionado jugosas producciones (Lowe 1998, Connel 2000). De forma general, el argumento m\u00e1s recurrente en la literatura sobre la pr\u00e1ctica deportiva de las mujeres musculadas pone de relieve toda una serie de posicionamientos transgresores y\/o anuentes frente a las normas de g\u00e9nero hegem\u00f3nicas. Pueden destacarse aqu\u00ed aquellas aproximaciones que, desde la ciencia social feminista o, m\u00e1s recientemente, desde posiciones cercanas a la teor\u00eda <em>queer<\/em> (Schipert 2007) han evidenciado las implicaciones empoderadoras de la pr\u00e1ctica del culturismo por las mujeres (Brace-Govan 2004, Grogan y otros 2004, Kane 1995, Shea 2001), apuntando a la conquista de un poder f\u00edsico secularmente negado en t\u00e9rminos que van desde la liberaci\u00f3n f\u00edsica a la autorrealizaci\u00f3n o al autocumplimiento (Castelnuovo y Guthrie 1998, Roth-Bassow 2004, y Roussel y Griffet 2000).<\/p>\n<p>Buena parte de estos enfoques y miradas se incardinan dentro del prisma de lo que ha sido considerado como <em>desviaci\u00f3n<\/em> con respecto a las normas de g\u00e9nero, desde un enfoque interaccionista apoyado en la figura conceptual del <em>orden de interacci\u00f3n<\/em> de Goffman (1963 y 1983) u otras an\u00e1logas. As\u00ed, partiendo de la idea de \u201cg\u00e9nero transgresor\u201d de Bornstein (1995), Schilling y Bunsel (2009: 148) refieren que \u201cla mujer culturista es considerada escandalosa a juicio de los \u2018normales\u2019 debido a que rechaza los roles, costumbres, t\u00e9cnicas corporales y apariencias relativamente pasivos asociados con el aprendizaje en la feminidad occidental (\u2026) y est\u00e1n adoptando modos masculinos de apariencia f\u00edsica, comportamiento, acci\u00f3n, experiencia y consumo\u201d. La idea de <em>conducta desviada<\/em> resulta ampliada por otros autores cuando resaltan su car\u00e1cter de acci\u00f3n colectiva, en la que se dan cita una diversidad de agentes y contextos, de los que las mujeres culturistas ser\u00edan solo parte, albergando un car\u00e1cter din\u00e1mico y heteronormativo (Chananie-Hill, McGrath y Stoll 2012). Como refieren Hughes y Coakley (1991: 308), en general, la conducta desviada de estas atletas no se dirige autom\u00e1ticamente al rechazo de los valores dominantes, sino que puede implicar una \u201csobre-aceptaci\u00f3n\u201d de las normas expl\u00edcitas o impl\u00edcitas del deporte, tales como la dedicaci\u00f3n, la distinci\u00f3n, la b\u00fasqueda de \u00e9xito y la aceptaci\u00f3n de obst\u00e1culos, riesgos o lesiones. As\u00ed, puede encontrarse que la b\u00fasqueda del \u00e9xito de claras implicaciones productivistas, inherentes al deporte de competici\u00f3n en general, y al culturismo en particular (Klein 1992), propicia cierto reforzamiento en la marginaci\u00f3n de las mujeres, como proponen Rousell y Griffet (2000: 134). Estas autoras se apoyan en una interpretaci\u00f3n ampliada del concepto marxiano de alienaci\u00f3n, en t\u00e9rminos de \u201cadhesi\u00f3n total\u201d a la disciplina (Rousell y Griffet 2000: 131), a la que a\u00f1aden, no obstante, ciertas, aunque acotadas, implicaciones emancipadoras en t\u00e9rminos de <em>agencia<\/em> por parte de las mujeres culturistas.<\/p>\n<p>Pese al desarrollo de este campo de estudio, particularmente desde aportaciones anglosajonas, consideramos que existen l\u00edneas interpretativas que precisan ahondarse y en las cuales podemos situar esta contribuci\u00f3n. En particular, existe una escasez de investigaciones sobre cuestiones fenomenol\u00f3gicas que procuren, como ya subrayan Schilling y Bunsel (2009: 143), un acercamiento a este universo en t\u00e9rminos de an\u00e1lisis de experiencias vitales genuinas, tejidas desde el conocimiento en profundidad de sus expectativas, motivaciones y percepciones corporeizadas, incluyendo por tanto \u201cla experiencia vivida de c\u00f3mo se construye el f\u00edsico de la mujer culturista o de c\u00f3mo se recibe su \u2018asalto\u2019 a las normas convencionales de la apariencia femenina, tanto dentro como fuera del gimnasio\u201d (Schilling y Bunsel 2009: 143). Una aproximaci\u00f3n que, como proponen Roussel y otros (2010: 108), sit\u00faa nuestro objetivo investigador, no tanto captando la experiencia de las mujeres culturistas a trav\u00e9s de la intuici\u00f3n o la reflexi\u00f3n, sino a trav\u00e9s de un enfoque sociol\u00f3gico in-corporado. Es decir, a trav\u00e9s de una agenda de investigaci\u00f3n que asuma el contacto sostenido con los cuerpos vividos, sentidos y <em>generizados<\/em> en los contextos de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>De este modo, el empe\u00f1o de apostar por tal acercamiento etnogr\u00e1fico in-corporado de resonancias interaccionistas nos lleva, en primer t\u00e9rmino, al campo de las trayectorias vitales de las mujeres culturistas, del que optamos en un segundo nivel de concreci\u00f3n por intentar presentar algunas preguntas y respuestas sobre la belleza, el placer y las relaciones socioafectivas. El empe\u00f1o de evidenciar las respuestas creativas de estas mujeres a la hora de construir sus cuerpos y de vivir sus relaciones nos llevar\u00e1, superando r\u00edgidas concepciones dicot\u00f3micas de sexo-g\u00e9nero y fuertes estigmas asociados a este campo, a referimos al culturismo como espacio de goce, situando el campo de las relaciones socioafectivas y del placer en el gimnasio, es decir, parafraseando a Monaghan (2001: 334), nos centramos en \u201clos placeres de representaci\u00f3n y sensuales que los entusiastas del m\u00fasculo derivan de su din\u00e1mico mundo f\u00edsico\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2. Metodolog\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Este empe\u00f1o investigador ha implicado, en t\u00e9rminos metodol\u00f3gicos, una aproximaci\u00f3n etnogr\u00e1fica fundamentada en el trabajo de campo durante cinco a\u00f1os. <a href=\"http:\/\/www.gazeta-antropologia.es\/?p=4618#N_2_\">(2)<\/a> Ello se ha concretado en la observaci\u00f3n participante realizada en un total de tres gimnasios localizados en la ciudad de Sevilla, con estancias superiores a los dos a\u00f1os en dos de ellos, lo que ha llevado aparejado la pr\u00e1ctica de este deporte a nivel<em>amateur <\/em>por parte del investigador<em>, <\/em>con el seguimiento de pautas de entrenamiento y de orientaciones diet\u00e9ticas b\u00e1sicas. Durante este trabajo de campo, aparte de las conversaciones informales y anotaciones registradas en notas de campo, se han realizado un total de 46 entrevistas a personas vinculadas a este deporte, desglosadas del siguiente modo: 18 a hombres culturistas, 10 a mujeres culturistas, 8 a familiares de culturistas de ambos sexos, 6 a monitores y entrenadores de salas de musculaci\u00f3n y 4 a jueces y personal federativo. Con todo ello, se ha pretendido incluir a los agentes e instancias m\u00e1s significativos de este deporte dentro del territorio espa\u00f1ol, con \u00e9nfasis en Andaluc\u00eda, territorio donde adem\u00e1s se concentra en la actualidad la proporci\u00f3n m\u00e1s significativa de practicantes y competidores de este deporte. Todo lo cual ha supuesto incorporar a m\u00e1s mujeres de forma num\u00e9rica de las que, en proporci\u00f3n, practican el culturismo (a lo que se a\u00f1ade el referido declive de este deporte en su vertiente femenina) <a href=\"http:\/\/www.gazeta-antropologia.es\/?p=4618#N_3_\">(3)<\/a> e incluir una diversidad de perfiles en cuanto a edad, a\u00f1os de dedicaci\u00f3n a este deporte y vinculaci\u00f3n personal, profesional o t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>Algunas dificultades etnogr\u00e1ficas han adquirido cierta relevancia, como es el caso de las restricciones de acceso a algunos contextos de intimidad, el alejamiento de algunos espacios de sociabilidad o la elipsis de la experiencia directa en temas m\u00e1s comprometidos como el uso de sustancias anabolizantes. Por otro lado, nos hemos aproximado a otras esferas de an\u00e1lisis y observaci\u00f3n como la institucional (los estamentos federativos dentro del culturismo, incluyendo revisi\u00f3n de la normativa y del discurso de los jueces y personal federativo), o la relativa a las relaciones sociofamiliares (incorporando entrevistas y contactos informales con personas del entorno familiar) a lo que se superpone la visi\u00f3n de los compa\u00f1eros varones, tanto en entrenamientos como en competiciones. El trabajo de campo se ha completado con la revisi\u00f3n de abundante material formativo e informativo relativo al entrenamiento del culturismo (nutrici\u00f3n y suplementaci\u00f3n diet\u00e9tica, sistemas de entrenamiento) y a la asistencia a eventos competitivos a escala local y regional.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3. Resultados<\/strong><\/p>\n<p><strong>3.1. Culturismo: estigmas y <em>culturalismo<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Junto al referido car\u00e1cter interpelante del culturismo sale al paso su imagen p\u00fablica, fuertemente estigmatizada y estereotipada. \u00bfQu\u00e9 sabemos del culturismo m\u00e1s all\u00e1 de lo que nos dicen las continuas noticias sobre sus excesos? Socialmente, en buena medida, no ser\u00eda m\u00e1s que un compendio de algunas contradicciones y sinsentidos de nuestra sociedad: obsesi\u00f3n por la imagen f\u00edsica, b\u00fasqueda de resultados con el m\u00ednimo esfuerzo, atadura a las modas, medicalizaci\u00f3n, materialismo, individualismo, consumismo y cierta estulticia, en la medida en que se supone que la dedicaci\u00f3n excesiva al ejercicio f\u00edsico se detrae del mental. Individualmente, ser\u00eda atribuible a sus practicantes: negacionismo, superficialidad, baja autoestima, escaso equilibrio emocional, comportamientos obsesivos, conducta antisocial, cortoplacismo, superficialidad, manipulabilidad e inmadurez y cortedad mental. Su rechazo social, mayor a\u00fan para las mujeres, apunta al car\u00e1cter \u201cextremo\u201d o \u201cabyecto\u201d (como sugiere Butler 2002: 20) atribuido a los cuerpos culturistas. Pese al culto al cuerpo y al deporte en nuestra sociedad, el culturista ser\u00eda una especie de suced\u00e1neo de deportista, cercano a la trampa de las drogas, o a algo que causa a\u00fan m\u00e1s esc\u00e1ndalo, al <em>doping<\/em>.<\/p>\n<p>Al culturismo se le conoce pues por su caricatura, a lo que sin duda contribuye el desconocimiento o el prejuicio m\u00e1s repetido. No sorprende que los\/as culturistas reaccionen airadamente frente a este estigma, y m\u00e1s a\u00fan cuando, en los \u00faltimos tiempos, el compendio de todos los males del culturismo resulte ser una enfermedad como la vigorexia. Una enfermedad, por cierto, cuya mera existencia a\u00fan est\u00e1 en discusi\u00f3n por tratarse m\u00e1s de un s\u00edndrome de filiaci\u00f3n cultural que de un trastorno con cierta entidad objetivable, pese al impulso que viene recibiendo por parte de los poderes biom\u00e9dicos (Jordi 2005). Una enfermedad, pues, en fase de construcci\u00f3n sociopol\u00edtica que en este caso ha pasado a convertirse r\u00e1pidamente en adjetivo calificativo: ser culturista es ser <em>vigor\u00e9xico<\/em>.<\/p>\n<p>Lo que en nuestro trabajo de campo hemos encontrado supera, como cabe esperar, este panorama sobresimplificado y estigmatizador. En el deporte del culturismo conviven la cultura de la inmediatez con la del deporte que da sus frutos a largo plazo, las preocupaciones est\u00e9ticas con las de salud, el exhibicionismo con la introversi\u00f3n, el narcisismo con el recato, la obsesi\u00f3n con la despreocupaci\u00f3n, la necesidad de reconocimiento con las ansias de autosuperaci\u00f3n, el complejo con la virtud\u2026 Coexisten el culturismo aficionado con el competidor, el culturismo contrario al uso de sustancias dopantes con el que las usa\u2026 Si hubiera que primar entre las posibles diferenciaciones discursivas que se realizan dentro del campo, podr\u00eda destacarse la que se basa en las tendencias superficiales y perentorias frente a la estabilidad, es decir: culturismo experto o comprometido frente al ne\u00f3fito, superficial. En este sentido, es preciso advertir aqu\u00ed que el culturismo, conforme se hace tal trabajo experto, supone una reconstrucci\u00f3n o <em>moldeado<\/em> corporal que comporta una gran dificultad en su ejecuci\u00f3n, porque los efectos ni son instant\u00e1neos ni son f\u00e1cilmente predecibles, pues cambian seg\u00fan un gran n\u00famero de variables (entrenamiento, dieta, gen\u00e9tica, descanso, suplementaci\u00f3n\u2026). Al conocimiento de estos extremos se exige, en un nivel de competici\u00f3n, la ineludible observaci\u00f3n de criterios de simetr\u00eda, volumen y definici\u00f3n, variables por sexos y categor\u00edas, que imponen un alto sentido est\u00e9tico, elevadas dosis de objetividad y equilibrio mental y emocional. Por todo ello, se impone tanto la experimentaci\u00f3n (fundamentada en la experiencia, en el estudio y en la documentaci\u00f3n) como la necesidad de una \u201cmirada externa\u201d que complemente lo que el af\u00e1n perfeccionista no termina de ver.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del espacio de complicidad que podamos haber establecido con nuestro objeto de estudio (v\u00e9ase una interesante reflexi\u00f3n sobre este tema en Marcos 2008: 6-8), no es nuestro objeto al presentar estas evidencias el desmontar todo el referido paquete de estereotipos y estigmas, sino simplemente presentarlos <em>grosso modo <\/em>para as\u00ed hacer una alusi\u00f3n a la complejidad y diversidad del campo y perfilar as\u00ed el contexto sobre el que el culturismo femenino se desarrolla. Y tambi\u00e9n, en consecuencia, para evidenciar que la ciencia social, como parte de la sociedad que es, no ha sabido abstraerse plenamente de tales estereotipos y estigmas: cualquier revisi\u00f3n con un m\u00ednimo de profundidad sobre la atenci\u00f3n que las ciencias sociales han prestado a este universo encuentra dos l\u00edneas investigadoras recurrentes. La primera, la preocupaci\u00f3n desde la psicolog\u00eda por los trastornos y excesos individuales (drogodependencias, adicci\u00f3n al ejercicio y otros desequilibrios, sintetizados en la referida vigorexia); la segunda, fundamentada en el estigma de los\/as culturistas como microgrupo social homog\u00e9neo, anclada en las interpretaciones <em>culturalistas<\/em>. Es este un reto asumido de diferentes modos en la bibliograf\u00eda disponible sobre este tema que, no por casualidad, ha girado en buena parte en torno al concepto de<em>subcultura. <\/em>As\u00ed, Rossel y Griffet (2000: 131) dedican una detallada revisi\u00f3n bibliogr\u00e1fica a su aplicaci\u00f3n al mundo del culturismo, destacando la obra de Alan M. Klein (1993) <em>Little Big Men. Bodybuilding Subculture and Gender Construction<\/em>. En este tipo de aproximaciones, como en tantos otros \u00e1mbitos en los que el concepto de cultura ha buscado amparo explicativo, el problema no radica tanto en el concepto de cultura en s\u00ed como en la necesidad de superar sus posibles implicaciones inmovilistas, esencialistas o generalizadoras. Esto es as\u00ed porque, as\u00ed empleado, dicho concepto no remite tanto a una posici\u00f3n de subordinaci\u00f3n con respecto a la cultura dominante, como a una (pretendida) especificidad cultural. Lo subcultural no es en este caso lo minoritario, sino lo raro, lo ex\u00f3tico. Para construir una subcultura se refiere a <em>un<\/em> contenido cultural: <em>unas<\/em> pautas de comportamiento comunes, <em>un<\/em> universo simb\u00f3lico, <em>una<\/em>estructura de relaciones sociales que le es propia\u2026 Para ello, es preciso obviar las diferencias, las disensiones o la heterogeneidad. Para redondear esta cosificaci\u00f3n hay que generar implicaci\u00f3n, posicionamiento, es fundamental subrayar la identificaci\u00f3n racional con sentimiento, afinidad. Y aqu\u00ed el culturismo, por su especial car\u00e1cter fuertemente interpelante, cobra un papel fundamental, contribuyendo a un posicionamiento entre la adhesi\u00f3n y el rechazo. La construcci\u00f3n de la subcultura del culturismo puede en este sentido ser deudora del referido universo estigm\u00e1tico y simplificado que la impregna, algo que puede a\u00fan acrecentarse para el caso del culturismo femenino, fuertemente afectado por la rigidez de normas de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>A efectos pr\u00e1cticos, lo anterior se traduce en la necesidad de reconocer la complejidad y dinamicidad en la estructuraci\u00f3n de este <em>campo<\/em> en el sentido m\u00e1s <em>bourdieuano<\/em> del t\u00e9rmino. Cobran aqu\u00ed tambi\u00e9n importancia las categor\u00edas que se construyen desde dentro del campo por sus propios protagonistas, como hemos referido. En todos los casos, un argumento destacado es la l\u00ednea trazada por la experiencia y la capacidad adquirida en t\u00e9rminos de capital social, no s\u00f3lo de rendimiento f\u00edsico, sino por la cantidad y calidad de informaci\u00f3n que se posee. En la pr\u00e1ctica, si a quien le pide consulta cualquier\/a usuario\/a de un gimnasio es \u201cal que parece m\u00e1s fuerte\u201d, lo m\u00e1s com\u00fan en cualquier manual realizado por un exculturistas es encontrarnos que este acompa\u00f1e no s\u00f3lo su curr\u00edculum y su experiencia en la solapa del libro, sino una buena fotograf\u00eda de su cuerpo musculado de sus \u201ca\u00f1os de gloria\u201d. Que el culturismo es un deporte de est\u00e9tica, pero sobre todo, de informaci\u00f3n y de experiencia lo evidencia tambi\u00e9n la efervescencia de sus producciones informativas al gran p\u00fablico: un total de seis revistas especializadas pueden comprarse en los kioscos en nuestro pa\u00eds en la actualidad, algo que mantienen pocos deportes, ni siquiera masivos. A esto se le suma una buena cantidad de p\u00e1ginas webs especializadas que brindan al aficionado una gran cantidad de informaci\u00f3n sobre los \u00faltimos adelantos en nutrici\u00f3n y, en menor medida, entrenamiento.<\/p>\n<p><strong>3.2. El goce artesano en el culturismo femenino<\/strong><\/p>\n<p>Pese a los recientes cambios en nuestra sociedad, una mujer en un gimnasio de musculaci\u00f3n es, en muchas facetas, una <em>rara avis<\/em>. Para ello es preciso atender a la etnograf\u00eda sobre el terreno, en lo tocante a las condiciones t\u00e9cnicas en que se desarrolla la actividad y a las configuraciones sociales resultantes. Simplificando algo que en la pr\u00e1ctica resulta mucho m\u00e1s complejo, la mecanizada reconstrucci\u00f3n del cuerpo en el gimnasio sigue una divisi\u00f3n funcional en dos tipos de aparatos vinculados al trabajo que, predominantemente pero no exclusivamente, se realiza en ellos: los aparatos y m\u00e1quinas <em>aer\u00f3bicos<\/em>(popularmente conocidos como de <em>cardio<\/em>, porque en ellos suelen realizarse ejercicios de entrenamiento cardiovascular de baja intensidad y ejecuci\u00f3n ininterrumpida que conducen al adelgazamiento o al entrenamiento de resistencia) y los de tipo <em>anaer\u00f3bico<\/em> (vinculados a ejercicios de alta intensidad y corta duraci\u00f3n, realizados con descansos, dirigidos al entrenamiento de fuerza y al crecimiento muscular). Las mujeres copan el primer grupo, lo que com\u00fanmente se llama parte <em>aer\u00f3bica<\/em> del gimnasio (cintas, el\u00edpticas, bicicletas\u2026) estando el uso del resto de aparatos \u201cde fuerza\u201d, incluidos pesas y mancuernas, claramente masculinizado, salvo en el caso de aquellos instrumentos que se dirigen a trabajar muslos, gl\u00fateos y caderas. Resultante esto \u00faltimo de la predominante divisi\u00f3n generizada del trabajo muscular, resumido en la sentencia: \u201clos hombres entrenan de cintura para arriba y las mujeres de cintura para abajo\u201d.<\/p>\n<p>Dicho esto, las dificultades para una mujer que quiera desenvolverse en un gimnasio \u201ccomo un hombre\u201d son claras, y m\u00e1s contundentes cuando aquella se encuentra en su fase inicial, es decir, en los primeros meses y a veces a\u00f1os de entrenamiento. Por supuesto que la reciente proliferaci\u00f3n de las cadenas de gimnasios femeninas y su ambiente amable y especializadamente <em>aer\u00f3bico<\/em> confirman este punto. Existen tambi\u00e9n razones de afinidad social o exclusi\u00f3n simb\u00f3lica (los comentarios masculinizados, las demostraciones de hombr\u00eda a trav\u00e9s del ejercicio de la fuerza\u2026), pero estos son solo una parte peque\u00f1a de las posibles explicaciones. Solo el conocimiento experto de las claves de funcionamiento t\u00e9cnico en este escenario nos ayuda a comprender esta segregaci\u00f3n de hecho que vive la mujer en el gimnasio, que es com\u00fan en cierta medida a la que vive el ne\u00f3fito var\u00f3n en sus primeros meses. Ello pasa por conocer los sistemas de entrenamiento con pesas que exigen una rutina prefijada de trabajo por grupos musculares distintos cada d\u00eda, el necesario apoyo de compa\u00f1eros de gimnasio (habitualmente una pareja de similar desarrollo muscular) y un considerable dominio t\u00e9cnico de los movimientos y de los aparatos.<\/p>\n<p>Como cualquier aprendiz que entra en un taller por vez primera, una de las primeras cosas que aprende el ne\u00f3fito\/a en el gimnasio es a <em>saber estar<\/em> en \u00e9l, no dificultando el trabajo de otros. Si el monitor de sala (habitualmente suele ser un var\u00f3n) no lo gu\u00eda de continuo, lo m\u00e1s normal es que en sus comienzos la persona que se inicia entorpezca el trabajo de otros sin saber que lo est\u00e1 haciendo: alargando el tiempo de recuperaci\u00f3n entre series de otro usuario del gimnasio cuando ocupa el aparato en la que este ya se encontraba trabajando, no sabiendo o no preguntando si una determinada m\u00e1quina o aparato est\u00e1n siendo usado antes de desmontar o sustituir su peso, etc. En general la reacci\u00f3n ante estas peque\u00f1as faltas del reci\u00e9n llegado es de camarader\u00eda y de comprensi\u00f3n porque se recuerda que \u201ctodos\/as han sido antes principiantes\u201d, pero en algunos casos los gestos de fastidio son m\u00e1s que evidentes. Por supuesto que, en menor medida, estos conflictos pueden darse tambi\u00e9n entre los\/as que ya llevan tiempo entrenando, pero no es menos cierto algo que, a primera vista resulta especialmente llamativo: para no molestarse entre ellos\/as, los\/as culturistas que comparten un horario de entrenamiento ajustan su agenda de trabajo muscular semanal, en una especie de acuerdo t\u00e1cito, rara vez hablado. Aunque en el gimnasio parezca que \u201ctodo el mundo va a la suyo\u201d, suele saberse en qu\u00e9 d\u00eda qui\u00e9nes son los\/as que van a \u201chacer\u201d piernas, hombros, brazos, pecho o espaldas. Ni que decir tiene que se sabe qui\u00e9n falta y cuando falta, lo cual tendr\u00e1 consecuencias en el control que se ejerce sobre el entrenamiento de los dem\u00e1s, en su progreso y en sus consecuencias.<\/p>\n<p>Que a una mujer culturista se le trate de forma paternalista por algunos de sus compa\u00f1eros varones m\u00e1s desarrollados muscularmente, cosa que ocurre en no pocas ocasiones, no significa que necesariamente vean a aquella como a una principiante. Esto es as\u00ed porque en el culturismo prima el desarrollo muscular como eje de distinci\u00f3n, pero tambi\u00e9n el grado de conocimiento t\u00e9cnico que se ostenta. Aunque no pocos j\u00f3venes y ne\u00f3fitos olvidan esto, en ocasiones hemos presenciado el trato respetuoso y de reconocimiento ante mujeres culturistas experimentadas a las que sus compa\u00f1eros varones han acudido ante dudas en el sistema de entrenamiento o descanso, o ante el camino a seguir en las pautas diet\u00e9ticas o de suplementaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una vez consolidados el saber hacer y el saber estar, la experiencia gozosa en el gimnasio se acrecienta conforme se asienta la pr\u00e1ctica en el gimnasio. Esto s\u00f3lo se entiende si advertimos que, frente a la atribuci\u00f3n generalizada de una cultura de la inmediatez o de la frivolidad emerge un deporte que, en sus versiones m\u00e1s estables por su continuidad en la pr\u00e1ctica que hemos llamado <em>culturismo experto <\/em>o<em>comprometido<\/em>, alberga tambi\u00e9n un proceso lento de compleja y pensada transformaci\u00f3n. Entendemos por ello que este universo presenta claros paralelismos con el ejercicio artesano en la medida en que este exige continuidad, experiencia, conocimiento, sentido est\u00e9tico, renovaci\u00f3n y, sobre todo, compromiso. Recordemos que para Richard Sennet (2009: 360), el artesano representa la condici\u00f3n espec\u00edficamente humana del compromiso, en la medida en que \u201cla actividad corporal repetida y la pr\u00e1ctica permiten a este <em>Animal laborans<\/em> desarrollar la habilidad desde dentro y reconfigurar el mundo material a trav\u00e9s de un proceso lento de metamorfosis\u201d.<\/p>\n<p>Pero la metamorfosis del artesano culturista es doble: resultado del compromiso continuado con su objeto de trabajo, en este caso su cuerpo, y producto de los cambios en este objeto-sujeto sobre la base de la t\u00e9cnica. Cobra sentido aqu\u00ed la noci\u00f3n de <em>habitus<\/em> que a la hora de ilustrar en diferentes sociedades las t\u00e9cnicas del cuerpo nos aporta Mauss (1973: 73), en el sentido de t\u00e9cnicas y razones o l\u00f3gicas asociadas a pr\u00e1cticas colectivas e individuales. Repetici\u00f3n, continuidad e intencionalidad son argumentos recurrentes en el devenir artesano. Como documentan Roussel y otros (2009: 104), se trata este de un proceso consciente y sentido en cada ejercicio, en cada sesi\u00f3n de entrenamiento, ejercido durante a\u00f1os, en el que la mutaci\u00f3n es proyectada, deseada o conseguida. Algo que, para el caso de las mujeres, a medida que les integra en lo que estos autores consideran la \u201csubcultura\u201d de este deporte, les sit\u00faa en medio de la cr\u00edtica hacia el grado de feminidad que su cuerpo gana o pierde.<\/p>\n<p>En todo caso, el cuerpo del culturista es su herramienta de trabajo, y a la vez su producto, su tarjeta de identificaci\u00f3n, su \u201ccara\u201d. En el \u201ccuerpo trabajado\u201d se reconocen facciones y expresiones tanto por la persona que los posee como por los que la rodean, lo cual se traduce en satisfacci\u00f3n. Y la satisfacci\u00f3n por el trabajo \u201cbien hecho\u201d se refleja en los testimonios de las mujeres culturistas, que experimentan el placer de sentir sus m\u00fasculos crecer y comprueban as\u00ed como su belleza se extiende a lugares no habituales del cuerpo, con expresiones del tipo \u201cMe gusta verme bien, sentirme bien, ver mis hombros definidos, la curva del triceps\u2026\u201d, \u201cNunca imagin\u00e9 que pod\u00eda tener en mis manos tanto peso y estar a la vez tan guapa\u201d o \u201cA m\u00ed todos los d\u00edas, las ni\u00f1as me dicen \u2018yo quiero estar como t\u00fa\u2019, con esos brazos, esos abdominales\u2026\u201d. El modo en que Roussel y otros (2009: 105) aplican la diferenciaci\u00f3n kantiana entre \u201cbelleza libre\u201d y \u201cbelleza adherida\u201d (sometida esta a juicios no solo de gusto o est\u00e9ticos, sino tambi\u00e9n de valor) sit\u00faa a los anteriores testimonios como la contrapartida de aquellos que se emiten desde la descalificaci\u00f3n, el desinter\u00e9s o simplemente el desprecio. Como nos recuerda una de las entrevistadas m\u00e1s mayores: \u201cClaro que te etiquetan\u2026 Y con las mujeres ya te digo\u2026 Yo, o era camionera o era tortillera o era\u2026 Perdona. Yo soy ama de casa y\u2026 lo que pasa es que me gusta esto\u201d.<\/p>\n<p>Sobrevuela en este tipo de testimonios el esfuerzo por normalizar el propio sentido del gusto, \u00edntimo, personal, ejercido como arma. A\u00fan en los casos, m\u00e1s frecuentes en cuanto el desarrollo muscular de la mujer es m\u00e1s intenso, en los que se produce conflicto familiar o personal por salirse de las normas de g\u00e9nero, emergen los discursos en los que se representa esa vivencia de la autosatisfacci\u00f3n, del autorreconocimiento o, simplemente, de una escucha selectiva de aquellos que no complacen a los objetivos propios declarados. De entre las figuras de referencia hacia las que la culturista se ve obligada a elaborar tales discursos de autojustificaci\u00f3n destaca la figura de la madre:<\/p>\n<p>\u201cEn mi familia\u2026 mi padre acepta todo lo que haga siempre, porque sabe que soy una persona muy competitiva conmigo misma\u2026 Mis hermanos son deportistas, entonces lo llevan bien. Y mi madre es la que lo lleva peor. Mi madre piensa que estoy estropeando mi cuerpo, que tengo piernas de futbolista, barba de hombre y que me va a salir pelo (r\u00ede). S\u00ed, s\u00ed, as\u00ed\u2026 son sus palabras de todos los d\u00edas, cada vez que me ve. Y me ve poco \u00bfeh? Pero yo tengo las ideas muy claras de lo que quiero. Escucho m\u00e1s a mi padre que a mi madre\u2026\u201d (mujer culturista, 26 a\u00f1os, 4 de pr\u00e1ctica, 2 compitiendo).<\/p>\n<p>\u201cLa \u00fanica opini\u00f3n as\u00ed que ten\u00eda es cuando ven\u00eda algunas veces mi madre, cuando ven\u00eda y me dec\u00eda: \u2018Es que eres muy rara, yo no te entiendo\u2019. Y yo le dec\u00eda: \u2018S\u00ed mama, es verdad\u2026\u2019. Ya te digo, tampoco le daba muchas explicaciones. Y despu\u00e9s como yo no he sido una persona exhibicionista, en el sentido de mostrar mi cuerpo en p\u00fablico ni nada, pues bueno\u2026 Mis amigas tambi\u00e9n lo han llevado siempre bien, porque realmente yo estaba muy fuerte, pero vestida de normal no se ve nada\u201d (mujer culturista, 34 a\u00f1os, 8 de pr\u00e1ctica, 2 compitiendo).<\/p>\n<p>La experiencia fenomenol\u00f3gica que, como propone Monaghan (2001) implica \u201chabitar un cuerpo\u201d supone todo un cambio sensorial y sensual. El gimnasio es el lugar de liberaci\u00f3n de tensiones y endorfinas. No solo es ver crecer los m\u00fasculos, tambi\u00e9n es sentirlos, ser consciente de que existen. La fragmentaci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n del cuerpo que conlleva el trabajo del gimnasio tiene como una de sus consecuencias la necesaria toma de conciencia de su localizaci\u00f3n, su ubicaci\u00f3n, su funcionamiento: \u201cTe pasa sobre todo los d\u00edas que entrenas intensidad. Te sientes cansada, dolorida pero a la vez es sentir que el coraz\u00f3n bombea sangre a tus m\u00fasculos, que llegan a tus brazos, a tus piernas\u2026 te sientes viva, cargada de energ\u00eda\u201d (mujer culturista, 30 a\u00f1os, 10 de pr\u00e1ctica).<\/p>\n<p>Esta vivencia gozosa del dolor, combinada con las restricciones de la dieta y, en menor medida, del descanso, acerca al culturismo a la opci\u00f3n asc\u00e9tica-espartana que sit\u00faa en el m\u00fasculo el dogma de fe (Jordi 2012: 307). Consagrado a su fin m\u00e1ximo, apartado de la l\u00f3gica mundana, la v\u00eda asc\u00e9tica se convierte en una necesidad y en una marca de distinci\u00f3n. Recordemos aqu\u00ed las palabras del inspirador trabajo de Lo\u00efc Wacquant (2004: 149) cuando se refiere a la vida reglamentada del boxeador, austera y aburrida, \u201ca la manera de los \u2018grandes ascetas\u2019 religiosos\u201d:<\/p>\n<p>\u201cEl que desea ardientemente ingresar y ascender en el universo pugil\u00edstico debe esforzarse para expatriarse del mundo, desentenderse de sus juegos y volverse indiferente a sus tentaciones. Debe prepararse para sacrificar todos los intereses profanos en el altar del ring. Porque s\u00f3lo a trav\u00e9s de una ascesis rigurosa y el secuestro ocupacional prescrito por la \u00e9tica del \u2018sacrificio\u2019, forjar\u00e1 esas cualidades de dureza, abnegaci\u00f3n, perseverancia y rabia controlada necesarias para dominar la dulce ciencia y resistir en el oficio de los golpes\u201d.<\/p>\n<p>La delgada frontera entre placer y dolor no puede entenderse en t\u00e9rminos estrictamente f\u00edsicos. Lo agradable de esta sensaci\u00f3n proviene tambi\u00e9n de que el dolor es parte del proceso de construcci\u00f3n, es la anticipaci\u00f3n de la ansiada <em>metamorfosis<\/em>. El cansancio es la certeza del trabajo bien hecho: un\/a culturista sonr\u00ede cuando tiene agujetas, y lo comenta satisfecho\/a y orgulloso\/a a sus colegas de gimnasio. La explicaci\u00f3n fisiol\u00f3gica, conocida por cualquier atleta, tambi\u00e9n ayuda: las \u201ctemidas\u201d agujetas no son sino roturas musculares, la verdadera antesala para una reconstrucci\u00f3n que, con la nutrici\u00f3n y el descanso correctos, florecer\u00e1 en el ansiado crecimiento muscular. Quiz\u00e1 uno de los momentos que m\u00e1s puede sorprender al profano en este mundo ocurre cuando escucha los comentarios sobre las agujetas entre los y las culturistas: estos no son de padecimiento, sino de satisfacci\u00f3n por el trabajo bien hecho en el d\u00eda anterior. Contar que se han tenido serias dificultades para poder sentarse en una silla o en la taza del v\u00e1ter despu\u00e9s de la sesi\u00f3n de trabajo de piernas que se realiz\u00f3 hace tres d\u00edas puede ser motivo de celebraci\u00f3n y hasta de admiraci\u00f3n. La explicaci\u00f3n se vincula en parte con el apego a la dualidad dolor-placer, en parte con la necesidad de socializar el dolor como signo de distinci\u00f3n y en parte con la satisfacci\u00f3n por la certeza del objetivo cumplido, a partir de una constataci\u00f3n sensorial que gu\u00eda el trabajo diario: para evitar sobrecargas y favorecer el crecimiento muscular cada d\u00eda se trabaja un grupo muscular distinto, y aqu\u00e9l m\u00fasculo que duele es el que realmente crece, y es el m\u00fasculo al que le toca descansar uno o varios d\u00edas hasta que deje de doler.<\/p>\n<p>En la medida en que \u201cse construye un nuevo cuerpo\u201d, no es casual que autores como Frueh (2001) o Monaghan (2001) se refieran a este proceso en t\u00e9rminos de \u201ctransformaci\u00f3n sensual\u201d e incluso de \u201cre-nacimiento\u201d. Y esto es as\u00ed porque este empe\u00f1o artesano tiene implicaciones m\u00e1s regeneradoras que reproductivas, como nos ilustra el caso de una de nuestras informantes, Luc\u00eda. Se trata de una culturista madrile\u00f1a de 37 a\u00f1os que, separada de su pareja y sin hijos, consagra la mayor parte de su tiempo de ocio a la vida en el gimnasio. En su ni\u00f1ez hizo ballet cl\u00e1sico, que abandon\u00f3 despu\u00e9s de 8 a\u00f1os de pr\u00e1ctica intensiva, huyendo de la excesiva disciplina y del intenso control sobre su vida. Actualmente tiene un trabajo sedentario de administrativa y usa el gimnasio como \u201cv\u00e1lvula de escape\u201d, acude a \u00e9l dos veces al d\u00eda, antes y despu\u00e9s de su horario laboral. Aunque ha hecho grandes amigos en el gimnasio dice que cuando entra en \u00e9ste no se dedica a hablar con sus compa\u00f1eros\/as sino a entrenar, y que sus mejores amistades son de fuera de este mundo. Lee mucho sobre nutrici\u00f3n deportiva, aunque su dieta no es especialmente estricta, suele salir a comer con sus amigos\/as, no es amiga de los excesos y su metabolismo tiende a quemar grasas. Su cuerpo denota los efectos de quince a\u00f1os de gimnasio, en los que ha compaginado el trabajo con pesas con otras muchas actividades <em>indoor<\/em>, tales como pilates, artes marciales o aerobic. Compiti\u00f3 como culturista hace algunos a\u00f1os en categor\u00eda <em>fitness<\/em>, justo despu\u00e9s de divorciarse, aunque abandon\u00f3 pronto la escala competitiva, sin alcanzar grandes m\u00e9ritos deportivos. Una competici\u00f3n a la que lleg\u00f3 por recomendaci\u00f3n de un compa\u00f1ero de gimnasio y de la que guarda un recuerdo de mucha timidez y verg\u00fcenza a la hora de exponerse por primera vez de cara al p\u00fablico, pero como una experiencia gratificante y hasta divertida, compartida con sus amigos\/as que iban a verle a las competiciones. En su testimonio dice buscar un cuerpo atl\u00e9tico pero sin excesivo volumen muscular, aunque en algunas zonas de su cuerpo (como los brazos o la espalda) este sea m\u00e1s que evidente. No expresa haber vivido situaciones de rechazo por su conformaci\u00f3n corporal, salvo en algunos casos de comentarios de hombres delgados que se comparaban con, para ellos, su \u201cexceso de m\u00fasculos\u201d, lo que interpreta m\u00e1s que como casos de inc\u00f3moda intromisi\u00f3n como casos de manifiesta inseguridad masculina. As\u00ed nos relata su situaci\u00f3n actual, en la que el gimnasio es un espacio de goce y liberaci\u00f3n, de presentismo, pero tambi\u00e9n, como decimos, de construcci\u00f3n regeneradora:<\/p>\n<p>\u201cNo tengo pareja, no tengo familia, no tengo hijos, tengo todo el tiempo libre para m\u00ed\u2026 Y lo que no me voy es a quedar en casa en el sof\u00e1. Eso s\u00ed que me da dolor de cabeza. Y me gusta este mundo\u2026 Es que yo disfruto. Yo me lo paso bien\u2026 No entiendo que a la gente no le guste el gimnasio, con tant\u00edsimas cosas que hay para hacer en un gimnasio, con tantas actividades que hay\u2026 que no te guste una\u2026 Mira, danza del vientre, yo que s\u00e9, pilates, yoga\u2026 Tu forma de ser \u00bfqu\u00e9 es? m\u00e1s\u2026 tranquila, pues el taich\u00ed, m\u00e1s de fiesta, pues el baile, o yo que s\u00e9\u2026 Algo tiene que haber que te guste. Que si esto se me acabar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda, que tendr\u00e9 que bajar este ritmo\u2026 pues claro, imag\u00ednate con m\u00e1s a\u00f1os, o pariendo, o criando\u2026 yo por eso estoy haciendo todo lo que puedo, viajar todo lo que puedo, entrenar todo lo que puedo y el d\u00eda que tal\u2026 ya s\u00e9 que esto se me acaba. Pero bueno, con el tiempo ya se ver\u00e1, ya saldr\u00e1 de m\u00ed el ir quit\u00e1ndome de ciertas cosas\u2026\u201d.<\/p>\n<p>El cuerpo es el espacio de transformaci\u00f3n, la herramienta de cambio, la palanca, el lugar de liberaci\u00f3n activa de cargas, tensiones y rupturas. Pero este disfrute no implica siempre presentismo o cortoplacismo, pues se mantiene en algunos casos en estas atletas hasta edades avanzadas, cuando la experiencia artesana y, por tanto, su goce se consolidan a la par que el cuerpo, su herramienta se deteriora. Por ejemplo, en momentos en los que los hijos han crecido, los discursos se centran en el control met\u00f3dico de la salud, en el autoconocimiento, pero sin dejar de fondo el norte de la musculaci\u00f3n. El caso de Katy, una culturista veterana que se ha fogueado en competiciones desde los a\u00f1os 90 y que no quiere dejar de mantener su actividad, al menos a nivel aficionado, nos ilustra estos extremos:<\/p>\n<p>\u201cNo he tenido nunca lesiones. La alimentaci\u00f3n la cuido much\u00edsimo. De hecho yo estoy ahora en proceso de menopausia\u2026 Y tal y como lo llevo yo y por lo que le oigo a mis amigas, pues se quedan flipadas\u2026 salgo a patinar\u2026 Me cuido mucho y me escucho mucho. Hago dos ciclos de complejos vitam\u00ednicos durante un mes, antes del verano y antes del invierno, me tomo mi calcio. Y claro, no tengo osteoporosis, me hago anal\u00edticas para ver c\u00f3mo estoy\u2026 es dif\u00edcil que me resfr\u00ede\u2026 Claro, mi entrenamiento, sobre todo en la sala de pesas, me cuesta\u2026 Me cuesta no manejar los kilos que yo he manejado. Pero me cuesta no tanto porque no pueda moverlos, sino porque no debo hacerlo como hace 20 a\u00f1os\u201d (mujer culturista, 48 a\u00f1os, 30 a\u00f1os de pr\u00e1ctica, 12 de ellos compitiendo).<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n directa en el gimnasio lleva a advertir la circunstancia de que no s\u00f3lo es el m\u00fasculo el identificador de masculinidad, sino tambi\u00e9n el desempe\u00f1o. No puede negarse que la cantidad de peso levantado es indicador de prestigio entre los compa\u00f1eros varones. Un reconocido exculturista nos relataba que trabajar sistem\u00e1ticamente con sobrepeso no es trabajar bien, lo que para \u00e9l significa \u201cm\u00e1s que peso, pretender levantar el ego\u201d. Para el caso de las mujeres, como refieren Schilling y Bunsell (2009: 148), el culturismo se convierte en un espacio productivo en el que \u00e9stas despliegan un \u201cexceso\u201d de producci\u00f3n con respecto a la norma, a la par que de consumo. Consumo diet\u00e9tico, de prote\u00ednas, de calor\u00edas\u2026pues para hacer crecer el m\u00fasculo hay que trabajar y descansar, pero tambi\u00e9n hay comer por encima de la media de lo que se come. En nuestra experiencia de observaci\u00f3n hemos comprobado que, si bien las culturistas m\u00e1s desarrolladas muscularmente dejan a muchos hombres atr\u00e1s en cuanto a musculaci\u00f3n y desempe\u00f1o, el no tener que demostrar ambos elementos de distinci\u00f3n en el gimnasio les coloca en una posici\u00f3n privilegiada, m\u00e1s \u201cprudente\u201d, al margen de excesos continuados, lo cual no solo hace sus entrenamientos m\u00e1s efectivos, sino que en cierta medida las protege tambi\u00e9n de las lesiones y acerca a\u00fan m\u00e1s al trabajo en el gimnasio al ejercicio de una experiencia gozosa.<\/p>\n<p>\u201cEntonces, si yo levantaba en <em>press<\/em> de banca, que llegu\u00e9 a levantar mis 100 kilitos, para m\u00ed estaba bastante bien. Hab\u00eda d\u00edas en que dec\u00eda \u2018pues no voy a poder\u2019 y si me ten\u00eda que quedar en 80, me quedaba en 80 y no pasaba nada. O sea, que\u2026 siempre me he cuidado mucho y hasta hoy no he tenido lesiones\u201d (mujer culturista, 52 a\u00f1os, 28 a\u00f1os de pr\u00e1ctica).<\/p>\n<p>Pese a que habitualmente se sobreentiende que, como en otros deportes actuales, la mecanizaci\u00f3n y maquinizaci\u00f3n son los principales protagonistas de los resultados e incluso de la l\u00f3gica de funcionamiento, hasta el punto de poder hablar exclusivamente de f\u00e1brica de <em>tecnocuerpos<\/em>, como venimos diciendo, el culturismo requiere, en parte como producto de su impronta artesana, una claro despliegue de habilidades t\u00e9cnicas, est\u00e9ticas y manuales. Esto se comprueba en el modo en el que los\/las culturistas huyen de las cada vez m\u00e1s complejas m\u00e1quinas de musculaci\u00f3n conforme avanzan en el conocimiento experto de su deporte, acerc\u00e1ndose a mancuernas y pesos libres, m\u00e1s simples, pero a la vez m\u00e1s vers\u00e1tiles, pues estos exigen un mejor dominio t\u00e9cnico para maximizar el rendimiento y evitar lesiones, adaptando el ejercicio a las exigencias personales de cada momento. Este proceso de des-maquinizaci\u00f3n recuerda el desenvolvimiento de la artesan\u00eda durante la maquinizaci\u00f3n producto de la Revoluci\u00f3n Industrial: \u201ca medida que la cultura mec\u00e1nica maduraba, el artesano del siglo XIX se mostraba cada vez menos como mediador y m\u00e1s como enemigo de la m\u00e1quina. Contra la perfecci\u00f3n rigurosa de la m\u00e1quina, el artesano se convert\u00eda en emblema de la individualidad humana, emblema concretamente constituido por el valor positivo que se atribu\u00eda\u201d (Sennet 2008: 109).<\/p>\n<p>Para el caso de las mujeres culturistas con m\u00e1s edad y experiencia, o simplemente el de las que presentan un mayor desarrollo muscular, esta <em>reacci\u00f3n artesana<\/em> ante el avance de la m\u00e1quina, que es com\u00fan en ambos sexos, se solapa con cierta rebeld\u00eda ante algunos nuevos artefactos que muestran los gimnasios. Se trata de m\u00e1quinas de musculaci\u00f3n de creciente especializaci\u00f3n en el trabajo por grupos musculares que, seg\u00fan la norma generizada imperante en el ejercicio, \u201cpreocupan a las mujeres\u201d, es decir, b\u00e1sicamente, muslos, gl\u00fateos y caderas, dentro de la l\u00ednea anteriormente se\u00f1alada, situada en la cintura como l\u00ednea delimitadora del espacio de trabajo entre ambos sexos. Es decir, m\u00e1quinas en principio \u201cneutras\u201d en cuanto a su concepci\u00f3n, pero claramente feminizadas en cuanto a su uso. Los testimonios remarcan este hecho. Ya sea en el caso de las bromas y comentarios enunciados por los culturistas ante, por ejemplo, la m\u00e1quina que trabaja los gl\u00fateos (que aquellos llamadas jocosamente \u201cla m\u00e1quina de hacer el culito brasile\u00f1o\u201d o \u201cla m\u00e1quina del culito resping\u00f3n\u201d, y que pocos hombres se atreven a usar), ya sea en los propios discursos de las mujeres culturistas m\u00e1s desarrolladas:<\/p>\n<p>\u201cYo desde que domino el tema, con peso libre y banca, con pesas y mancuernas hago todo el trabajo, que me dejen de maquinitas. Y despu\u00e9s est\u00e1 el entrenamiento que se hace ahora, que bajo mi punto de vista, as\u00ed espec\u00edfico para mujeres, no me sirve. Solamente se hace el tren inferior\u2026 el cuerpo es el cuerpo y la musculaci\u00f3n es la musculaci\u00f3n, el dedicarte solo al tren inferior y hacer muchas repeticiones y tal\u2026 vale, pero \u00bfy el resto del cuerpo? Es mi forma de entrenar, yo empec\u00e9 con un entrenamiento que me lo ense\u00f1aron de una manera y as\u00ed lo hago, y me va bien\u2026\u201d (mujer culturista, 48 a\u00f1os, 30 a\u00f1os de pr\u00e1ctica, 12 de ellos compitiendo).<\/p>\n<p>Por otra parte, la reelaboraci\u00f3n de la belleza femenina tambi\u00e9n est\u00e1 presente, tanto en los discursos como en las pr\u00e1cticas. La necesidad de construir una respuesta compensatoria ante lo que se considera que \u201cse ha perdido de feminidad\u201d es tambi\u00e9n una constante, confirmando un estilo o est\u00e9tica de<em>ultrafeminidad<\/em>. Shilling y Bunsel (2009: 10) encuentran pr\u00e1cticas de feminizaci\u00f3n cosm\u00e9tica, vigilancia de la ropa, evitaci\u00f3n de andares masculinizados, etc., todo ello en la medida en que el placer de la construcci\u00f3n corporal compense en el balance, pues se sobreentiende que su compromiso es con el m\u00fasculo, con su af\u00e1n de superaci\u00f3n, m\u00e1s que con la feminidad. Sin embargo, el m\u00fasculo no se sobrepone, hace concesiones a la feminidad. Como refiere una de nuestras entrevistadas: \u201cel ser femenino no es solamente porque tengas el 90-60-90, puede ser femenino hablando, con la mirada, con gestos\u2026\u201d.<\/p>\n<p>En otros casos, como el de la siguiente culturista, que despu\u00e9s de m\u00e1s de 10 a\u00f1os de pr\u00e1ctica deportiva decidi\u00f3 abandonar esta, es precisamente el hecho de no identificarse con ese estilo est\u00e9tico feminizado una de las razones principales para no continuar con la pr\u00e1ctica del culturismo. El problema surge, en estos casos, porque para contrarrestar el exceso de m\u00fasculo debe adoptarse una est\u00e9tica ultra-feminizada (compuesta de maquillaje, peluquer\u00eda, ropa, etc., pero tambi\u00e9n de ademanes y discurso que denote que se es <em>muy mujer<\/em>), est\u00e9tica que no sea acorde con los deseos, los gustos o la personalidad propia: \u201cYo no soy ni de ponerme las u\u00f1as as\u00ed largas, ni de ponerme extensiones, ni de ir maquillada, ni de ponerme tacones, ni de ponerme minifalda. Y claro, si t\u00fa ves a una de esas mujeres culturistas en ch\u00e1ndal, que en realidad no se dejan ver as\u00ed, pero bueno, con las u\u00f1as cortas, sin pintar, ni maquillar dir\u00edas\u2026 puff\u2026Y cuando las ves pintadas y maquilladas\u2026 a m\u00ed llamar la atenci\u00f3n tanto, para que no se equivoquen conmigo, no me agrada\u2026 As\u00ed que controlo y tampoco llevo tanto m\u00fasculo, ni tanta pintura encima para disimularlo\u201d (mujer culturista, 37 a\u00f1os, 11 a\u00f1os de pr\u00e1ctica, 2 en competici\u00f3n).<\/p>\n<p>Desde una interpretaci\u00f3n m\u00e1s afinada de lo dicho hasta ahora, tambi\u00e9n podr\u00eda entenderse que la complejidad de la m\u00e1quina se rechaza para construir una nueva m\u00e1quina transformadora, formada de cuerpo y herramienta (las simples pesas, extensi\u00f3n del propio cuerpo), en la que el g\u00e9nero como categor\u00eda dicot\u00f3mica estar\u00eda ausente. Este cuerpo-m\u00e1quina, en la l\u00ednea del <em>cyborg<\/em> que propone Donna Haraway (1991: 255), ser\u00eda en cierta medida lo que esta autora concibe como \u201cuna nueva criatura en un mundo postgen\u00e9rico\u201d.<\/p>\n<p><strong>3.3. Relaciones socioafectivas: endogamia, acuerdos, conflictos y sexualidad<\/strong><\/p>\n<p>Una de las caracter\u00edsticas b\u00e1sicas del culturismo, que explica tambi\u00e9n la referida predilecci\u00f3n anal\u00edtica de algunos autores por su vertiente subcultural, radica en su car\u00e1cter intensivo y absorbente que se traslada a m\u00faltiples \u00e1mbitos de la vida personal, laboral y familiar. Como hemos apuntado, el lema com\u00fanmente enunciado por cualquier culturista desde el momento que se le requiere su primer comentario sobre este deporte se resume en la sentencia \u201cesto es un modo de vida\u201d. Se comprende as\u00ed que esta pr\u00e1ctica signifique no s\u00f3lo un proyecto de transformaci\u00f3n corporal, sino todo un proyecto vital, en la l\u00ednea que propone Esteban Ruiz cuando refiere que \u201ctrabajo corporal y proyecto de vida est\u00e1n estrechamente unidos\u201d. Pero no existe un solo proyecto de vida, como no existe una \u00fanica subcultura del culturismo.<\/p>\n<p>As\u00ed, para el caso de las relaciones socioafectivas en el gimnasio, si nos referimos a las parejas \u201cdeclaradamente\u201d heterosexuales (la homosexualidad en el culturismo es a\u00fan una asignatura pendiente de estudio en profundidad, en este estudio y en la pr\u00e1ctica generalidad de aproximaciones acad\u00e9micas), tales parejas son altamente endog\u00e1micas en el sentido socio-antropol\u00f3gico del t\u00e9rmino. De manera que puede decirse que, en el caso de parejas estables, la v\u00eda asc\u00e9tico-artesanal elegida es a\u00fan m\u00e1s gozosa cuando se experimenta por ambos integrantes de la relaci\u00f3n. O dicho de otro modo, es menos penoso que cuando ni se comparten los c\u00f3digos ni \u201cse mira al mismo norte\u201d. Y no precisamente porque se trate de la \u201cmedia naranja\u201d que encuentra la unidad (y por tanto la propia existencia) en la otra media, como atinadamente nos propone Valcuende en su \u00e1cido ensayo sobre la heterosexualidad (Valcuende 2006: 33). M\u00e1s bien las mujeres culturistas no suelen encontrar a su hombre-complemento en el culturismo, ni viceversa. Las parejas estables, por ejemplo, incorporan a su contrato no escrito la cl\u00e1usula asc\u00e9tico-espartana del culturismo, por la cual no se ve \u201craro\u201d que alguien practique un modo de vida \u201ctan raro\u201d. Al final, se comparten los entendidos y se minimizan los malentendidos, tan comunes y f\u00e1ciles de brotar en este deporte. Nuestros cuadernos de campo est\u00e1n plagados de anotaciones en las que encontramos, solo con respecto a la dieta, nutrida informaci\u00f3n sobre c\u00f3mo en las parejas de culturistas se acuerda que el gasto en alimentaci\u00f3n (y suplementaci\u00f3n) sea m\u00e1s elevado que la media, o se sobrelleva con solvencia que el carro de la compra excluya alimentos como dulces y grasas, o se armonizan los momentos de excesos diet\u00e9ticos, contados, que toda dieta r\u00edgida requiere como salida para no perder el equilibrio emocional ni social <a href=\"http:\/\/www.gazeta-antropologia.es\/?p=4618#N_4_\">(4)<\/a>. Claro est\u00e1 que, en el lento proceso de <em>hacerse culturista<\/em>, todo esto se aprende. As\u00ed, por ejemplo, encontramos que algunos culturistas varones que quieren \u201csentar la cabeza\u201d se quejan de la incomprensi\u00f3n no ya s\u00f3lo de sus novias, sino de sus posibles familias pol\u00edticas. Sobre todo de sus potenciales suegras, cuando estas insisten en compartir la comida, cualquier comida:<\/p>\n<p>\u201cSiempre pasa lo mismo. Una cosa es un d\u00eda y otra que, cada vez que voy a casa de mi suegra\u2026 que \u2018\u00bfpor qu\u00e9 no picas del queso?\u2019, que si \u2018\u00bfno te gusta la carne que he guisado\u2026?\u2019 Y t\u00fa no sabes c\u00f3mo decirle a la mujer que mi dieta es as\u00ed. La hija igual lo entiende, porque se lo he explicado muchas veces\u2026 pongo la mano en el fuego que algunas madres terminan dici\u00e9ndoles a sus hijas, \u2018\u00bfno crees que ese muchacho es un poco raro?\u2019 Y claro, as\u00ed las novias te duran poco\u201d (culturista var\u00f3n, 27 a\u00f1os, 9 como culturista).<\/p>\n<p>Este tipo de conflictos sociofamiliares asociados a la dieta es an\u00e1logo al que L. Wacquant (2000: 128) encuentra entre los boxeadores que compiten. Si bien en estos, aunque la presi\u00f3n es importante, la preocupaci\u00f3n por el peso se concentra en los momentos anteriores a la pelea, pues se permiten y, de hecho, se producen continuas excepciones y excesos. En el culturismo esta preocupaci\u00f3n es m\u00e1s firme y continuada, dada la importancia capital de la dieta en la construcci\u00f3n muscular. Los conflictos y negociaciones abarcan toda la vida deportiva y no se terminan cuando se forma la familia, sino que se a\u00f1aden retos y conflictos nuevos, como los que se extienden a los hijos, y a la familia extensa:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cMi hijo tiene ahora 28 a\u00f1os, pero mi hijo no ha comido caramelos, no hay comido donuts\u2026 Porque es que no los ten\u00eda que comer. Hoy en d\u00eda no es culturista, pero es una persona que es sibarita comiendo, sabe comer. Es educaci\u00f3n, como cualquier cosa\u2026 yo he tenido con mi suegra cosillas, como cuando el ni\u00f1o era peque\u00f1ito y lo llevaba a casa y me dec\u00eda: \u2018no, el ni\u00f1o patatas fritas y huevo\u2019, y yo le dec\u00eda \u2018no, perdona abuela, \u00bfqu\u00e9 hay de comer?, \u00bft\u00fa qu\u00e9 has hecho de comer?, \u2018br\u00f3coli\u2019, pues el ni\u00f1o come br\u00f3coli\u201d (mujer culturista, 52 a\u00f1os, 28 a\u00f1os de pr\u00e1ctica).<\/p><\/blockquote>\n<p>En el culturismo el goce est\u00e1, pues, en recoger los frutos del beneficio a largo plazo del entrenamiento, de la dieta y del descanso, pues este \u00faltimo tambi\u00e9n modela el tiempo libre y las salidas nocturnas, por ejemplo. Beneficios que se comparten de forma variada con los que se convive, con lo cual hay que pensar que los sacrificios tambi\u00e9n. Adem\u00e1s, como cabe comprender, incluso dentro del <em>n\u00facleo de entendimiento<\/em> de las parejas estables, los dos c\u00f3nyuges no tienen por qu\u00e9 llevar el mismo ritmo, ni la misma evoluci\u00f3n en sus vidas. As\u00ed, es muy probable que las convivencias se deterioren o simplemente terminen cuando uno de los dos abandona la orientaci\u00f3n asc\u00e9tico-espartana del culturismo o, simplemente, elija otro ritmo u otra velocidad en su proyecto de transformaci\u00f3n corporal, como animarse a competir o dejar de hacerlo. En este sentido, es patente que la irritabilidad del competidor o competidora sea la primera queja de cualquier persona que con ellos conviva, como cualquiera que soporte estar junto a alguien que quiere llevar su rendimiento al m\u00e1ximo de la paciencia propia y ajena.En el culturismo esto conlleva tambi\u00e9n sumar las intervenciones radicales sobre el cuerpo: consumo de drogas o intervenciones quir\u00fargicas. Con respecto a estas \u00faltimas, una de las parejas de culturistas en las que ella decidi\u00f3 competir se rompi\u00f3, como \u00e9l nos confesaba, desde el momento que su \u201cmedia naranja\u201d decidi\u00f3 someterse a una mamoplastia, com\u00fan por otra parte hoy en d\u00eda en cualquier mujer culturista que quiera competir m\u00ednimamente. En otra pareja de culturistas, en la que ella compite y \u00e9l no, ella nos expresaba as\u00ed ese sufrimiento compartido por los dos:<\/p>\n<p>\u201cHombre mi novio es mi entrenador, y \u00e9l lo ha pasado muy mal, porque como no es competidor\u2026 Siempre me ha apoyado\u2026 pero ya cuando he estado dentro de la competici\u00f3n, no lo ha llevado tan bien. O sea, me ha visto mal, me ha visto de mal humor, me ha visto excesivamente delgada\u2026 me ha visto comerme el pollo sin ganas, entonces \u00e9l siempre\u2026 una persona que te quiere no le gusta verte as\u00ed. Bueno, luego cuando ya me he subido arriba (al escenario) y me ha visto lo que me gusta, pues ya lo ha aceptado\u201d (mujer culturista, 26 a\u00f1os, 4 de pr\u00e1ctica, 2 compitiendo).<\/p>\n<p>El caso de esta otra excompetidora que tras su separaci\u00f3n rechaza la posibilidad de volver a convivir con otro culturista competidor, es igualmente ilustrativo:<\/p>\n<p>\u201cLo que es dif\u00edcil es compartir la vida con un competidor, sea del deporte que sea. Aparte, ya no quiero una relaci\u00f3n con una persona culturista competidor que est\u00e9 metida en ese mundo\u2026 Que sea culturista o deportista s\u00ed, me gusta que a la persona le guste el deporte para compartirlo. Si lo puedo compartir mejor, pero obsesivo del gimnasio no quiero en mi vida, porque ya s\u00e9 lo que es y no me apetece vivir eso\u201d (mujer culturista, 37 a\u00f1os, 11 a\u00f1os de pr\u00e1ctica, 2 en competici\u00f3n).<\/p>\n<p>Con todo, entre las mujeres culturistas las consecuencias en cuanto a irritabilidad (y con ello, sus implicaciones en cuanto a la estabilidad de las relaciones socioafectivas) producidas como efectos secundarios del consumo de anabolizantes suelen ser significativamente menores que en sus compa\u00f1eros varones. A ello ha contribuido, en buena medida, el referido proceso de desmuscularizaci\u00f3n que viene experimentando este deporte en su vertiente femenina desde los a\u00f1os 90, y las consiguientes menores exigencias en cuanto a la b\u00fasqueda de una suplementaci\u00f3n anabolizante dirigida a las mujeres culturistas.<\/p>\n<p>Finalmente, a diferencia de lo hallado por Wacquant (2000: 140) para el caso de los boxeadores de Chicago, no hemos encontrado elaboraciones significativas en t\u00e9rminos de sanci\u00f3n social con respecto a la promiscuidad de los\/las culturistas, ni a\u00fan al control de las relaciones sexuales. <a href=\"http:\/\/www.gazeta-antropologia.es\/?p=4618#N_5_\">(5)<\/a> En todo caso, la actividad sexual compartida se considera no pocas veces un \u201cajuste energ\u00e9tico\u201d en t\u00e9rminos de esfuerzo aer\u00f3bico adicional que hay que compensar corrigiendo el entrenamiento del d\u00eda siguiente o controlando la ingesta de calor\u00edas. Es com\u00fan ver a j\u00f3venes que practican el culturismo salirse de la discoteca para tomar su batido de prote\u00ednas a mitad de una noche animada para no entrar en el temido catabolismo o \u201cp\u00e9rdida muscular\u201d. Alguno incluso nos coment\u00f3 la perplejidad de una chica al verle sustituir \u201cel cigarrillo de <em>despu\u00e9s de\u201d<\/em>\u00a0por una bebida de suplementaci\u00f3n diet\u00e9tica.<\/p>\n<p>Para el caso de las chicas, hasta donde ha llegado nuestro conocimiento etnogr\u00e1fico, los testimonios de las mujeres culturistas hablan de hombres que se fascinan por sus cuerpos musculados en situaciones de intimidad (\u201calgunos ven m\u00fasculos en una mujer y salen corriendo pero claro, otros se vuelven locos\u2026\u201d), por un mayor y mejor apetito y rendimiento sexual cuando se encuentran \u201cen buena forma\u201d y por todo lo contrario ante situaciones de stress, como es el caso de las jornadas previas a la competici\u00f3n, que por otra parte devienen en liberaci\u00f3n y cierto descontrol cuando aquellas terminan. La medida del placer en estos casos viene por su contenci\u00f3n, por su contraste con la abstinencia. Es el momento de celebraci\u00f3n por los premios conseguidos y de cierto relajamiento y descontrol sobre las pautas diet\u00e9ticas. La idiosincrasia de este deporte en el \u00e1mbito de la competici\u00f3n puede estar en la base de la existencia de tal abstinencia referida por los entrevistados en los d\u00edas previos al evento. Pero es m\u00e1s l\u00f3gico pensar que esta sea m\u00e1s consecuencia del cansancio de los d\u00edas previos que origen de ella, ya que en el culturismo se invierten los t\u00e9rminos con respecto a otros deportes: no se trata de llegar \u201ccon energ\u00edas\u201d como a un combate o a una prueba de atletismo sino, como decimos, con el m\u00fasculo lo m\u00e1s limpio de grasa y definido posible, lo cual implica considerables niveles de deshidrataci\u00f3n, con el consiguiente cansancio posterior. Otra cosa es lo que ocurre despu\u00e9s de la competici\u00f3n, en la que el cuerpo se carga de l\u00edquidos y de energ\u00eda muy r\u00e1pidamente. En estos momentos s\u00ed son referidos, por ejemplo, escarceos,<em>affaires <\/em>e incluso casos de infidelidades u otras relaciones extraconyugales, m\u00e1s comunes en casos de estancias largas o desplazamientos al extranjero, como refiere una de las culturistas entrevistadas: \u201cyo he visto a los competidores fuera de su familia y s\u00e9 como funcionan y fuera de sus parejas y veo lo que hay. Y los correpasillos que hay en las habitaciones de los hoteles. Lo he vivido, entonces\u2026 s\u00e9 c\u00f3mo es este mundillo\u2026\u201d. Algo que se explica en la situaci\u00f3n de excepcionalidad de este tipo de situaciones, pero en las que, dada la presencia minoritaria de las mujeres en este deporte, cabe pensar que resulte m\u00e1s llamativa o \u201cescandalosa\u201d la participaci\u00f3n de estas. Y tambi\u00e9n que, en consecuencia, las mujeres culturistas no competidoras recelen de su pareja competidoras, buscando formas de controlar la situaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201cMuch\u00edsimas parejas se han roto cuando \u00e9l o ella ha ido a competir, porque al final es un mundo muy peque\u00f1o, te enteras de todo. Es que fulano ha estado con zutana\u2026 Cuando estuvimos en Brasil \u00e9ramos un grupo muy peque\u00f1o\u2026 Y una de las que vino como juez pidi\u00f3 en la Federaci\u00f3n venir a este campeonato, pues el marido ven\u00eda como competidor\u2026 \u2018es que no me f\u00edo de ti ni un pelo\u2019. Entonces\u2026 iba a juzgar, y a juzgarle, claro\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>4. Consideraciones finales<\/strong><\/p>\n<p>\u201cEn mi opini\u00f3n, uno de los pr\u00f3ximos pasos de la antropolog\u00eda deber\u00eda ser desarrollar habilidades visuales dentro de una \u00e9tica de la mirada. Sin esta voluntariosa innovaci\u00f3n, los antrop\u00f3logos probablemente seguir\u00e1n siendo incapaces de ver las m\u00faltiples y productivas formas que la belleza puede adoptar\u201d (Linder 2007: 467).<\/p>\n<p>\u201cTradicionalmente, la relaci\u00f3n entre m\u00e1quina y organismo ha sido de guerra fronteriza. En tal conflicto estaban en litigio los territorios de la producci\u00f3n, de la reproducci\u00f3n y de la imaginaci\u00f3n. El presente trabajo es un canto al placer en la confusi\u00f3n de las fronteras y a la responsabilidad en su construcci\u00f3n\u201d (Haraway 1991: 254).<\/p>\n<p>Las palabras de F. Linder y de D. Haraway nos sit\u00faan sobre la pista de uno de los principales prop\u00f3sitos que han guiado este trabajo: una <em>\u00e9tica de la mirada<\/em> que sea capaz de advertir las formas de producci\u00f3n de la belleza y del placer en los procesos de reconstrucci\u00f3n corporal. Por ello, tal \u00e9tica de la mirada no puede estar comprometida por planteamientos que sit\u00faen las acciones de los sujetos en los estrechos m\u00e1rgenes de una subcultura. En esta aproximaci\u00f3n al mundo del culturismo femenino hemos referido el hecho de que los estudios cient\u00edficos sobre el culturismo en general no acaban de desprenderse de la imagen p\u00fablica que com\u00fanmente se ofrece de este deporte desde los medios de comunicaci\u00f3n de masas. Una imagen que se resume en el estigma del descontrol, de la falta de medida: el fin narcisista se vale de cualquier medio para su consecuci\u00f3n, por lo que aspectos como el uso de drogas, el desequilibrio emocional o la inmadurez mental persisten como argumentaciones que basculan entre la culpa, el pecado y la penitencia. La idea de una \u201csubcultura del culturismo\u201d homog\u00e9nea y cosificada frente a la \u201cnormalidad cultural\u201d es un subproducto de este panorama estigmatizador y simplificador y ha estado, y sigue estando, presente en la aprehensi\u00f3n de este fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Las consecuencias del debate p\u00fablico que se establece sobre el cuerpo en nuestra sociedad encuentran un espacio \u00f3ptimo de representaci\u00f3n en el universo culturista. Si el culturismo en general resulta, como hemos visto, estigmatizado, la paulatina desmuscularizaci\u00f3n del culturismo femenino revela las dificultades que plantea cualquier lucha (ya sea esta declarada, expl\u00edcita o impl\u00edcita) contra los esquemas duales hombre-mujer en la percepci\u00f3n de los cuerpos. La importancia de la carnalidad en la construcci\u00f3n de una identidad sexuada (Braidotti 2005) nos ha llevado en nuestro caso, m\u00e1s que a ocuparnos de las posiciones y l\u00f3gicas mantenidas en aquellas luchas, a revelar lo que, en la experiencia cotidiana, apunta a una dimensi\u00f3n din\u00e1mica y activa de la reconstrucci\u00f3n corporal, m\u00e1s all\u00e1 de estrechas fronteras de corporeidad. Nos hemos centrado en la vivencia en t\u00e9rminos de <em>placer productivo<\/em> que comporta tal reconstrucci\u00f3n corporal, lo que supone un pensar y vivir el cuerpo por parte de las mujeres que optan de forma continuada y estable por su musculaci\u00f3n, desgranando algunas de sus implicaciones fenomenol\u00f3gicas. En esta l\u00ednea, la lenta metamorfosis que supone tal reconstrucci\u00f3n implica un paulatino proceso de acomodaci\u00f3n y de ajuste del cuerpo y de su percepci\u00f3n social, de los saberes t\u00e9cnicos exigidos y aprendidos, y del marco de relaciones sociales mantenido dentro y fuera del gimnasio. Como toda metamorfosis, esta tambi\u00e9n comporta dolor. Un dolor en delgada frontera con el placer (por lo conseguido, por lo experimentado, por la vivencia de autocontrol, por saberse parte de un proyecto\u2026) y que exige tambi\u00e9n cierta separaci\u00f3n del mundo, en el ejercicio de una opci\u00f3n asc\u00e9tico-espartana.<\/p>\n<p>Implicaciones regeneradoras, reproductivas, usan el cuerpo como herramienta de cambio, de palanca. En las vivencias y testimonios de estas mujeres se desprende que el gimnasio pasa de ser un espacio exclusivamente de seguimiento acr\u00edtico de las normas sociales a ser un santuario de liberaci\u00f3n de stress, de endorfinas, de sufrimiento y tambi\u00e9n de canalizaci\u00f3n de la tensi\u00f3n que esta sociedad ejerce sobre el control de los cuerpos. Una experiencia gozosa que se consolida con el paso del tiempo y, en la medida que supone la adquisici\u00f3n de saberes y t\u00e9cnicas, comporta tambi\u00e9n autoconocimiento y reconocimiento social. Tambi\u00e9n en lo que implica el ejercicio del control sobre el tecnocuerpo a trav\u00e9s del desempe\u00f1o artesano. Este ejercicio artesano tambi\u00e9n ayuda a afrontar, en cierta medida, la rigidez en el sistema sexo-g\u00e9nero que est\u00e1 presente, como hemos visto, desde el dise\u00f1o estructural de los gimnasios hasta el sistema de relaciones dentro y fuera de ellos, pasando por la configuraci\u00f3n aparentemente neutra, maquinal, pero fuertemente generizada de los propios aparatos y m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>La heteronormatividad sexual planteada por las pr\u00e1cticas de las mujeres culturistas es una primera de las primeras evidencias que se obtienen del an\u00e1lisis de este deporte, pero sus pr\u00e1cticas no s\u00f3lo se dirigen a este cuestionamiento. Surge aqu\u00ed un apasionante abanico exeg\u00e9tico: el sobrecumplimiento de l\u00f3gicas deportivas, la falta de exposici\u00f3n narcisista pese a lo que parece evidente, la construcci\u00f3n de un tercer o cuarto g\u00e9nero o, si se prefiere, la deconstrucci\u00f3n del sistema de sexo-g\u00e9nero, la maquinizaci\u00f3n y sus readaptaciones, la concepci\u00f3n del deporte como espacio de autoevocaci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n personal\u2026 que no son matices a la cuesti\u00f3n general, sino v\u00edas anal\u00edticas a ser exploradas en profundidad en posteriores estudios y que esperamos que este trabajo pueda alentar, en cierta medida, a ello.<\/p>\n<p>En suma, uno de los empe\u00f1os de este trabajo ha sido tratar de abordar un campo de estudio que, en su diversidad y complejidad, presenta perfiles dif\u00edcilmente aprehensibles. Mediante esta aproximaci\u00f3n etnogr\u00e1fica hemos pretendido poner sobre la mesa dificultades interpretativas de partida que nacen, cuando no de la fuerza de los estereotipos y estigmas, al menos del desenfoque o escasa profundizaci\u00f3n en las experiencias, expectativas y contradicciones de los sujetos analizados. Hemos intentado as\u00ed aportar alguna luz en un campo tan sobresimplificado y estereotipado como el culturismo y a\u00fan m\u00e1s, en particular, el culturismo femenino, afectado por r\u00edgidas construcciones dicot\u00f3micas de sexo-g\u00e9nero. Abordando cuestiones de este campo como el goce, la belleza o las relaciones interpersonales en el seno de estos proyectos de transformaci\u00f3n corporal ubicados en las fronteras de las reglas de g\u00e9nero, contribuimos tambi\u00e9n a presentar algunas de las contradicciones presentes en nuestras sociedades con respecto a las representaciones sobre el cuerpo, el ejercicio f\u00edsico y la feminidad. En concreto, a pesar de los estrechos m\u00e1rgenes que socialmente se permiten para la (re)construcci\u00f3n de los cuerpos, es posible la existencia de construcciones creativas y el desarrollo de potencialidades productivas artesanales, transformadoras del cuerpo como herramienta y producto a la vez, pero sobre todo como lugar de interpelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<div>\n<p><a name=\"N_1_\"><\/a>1. En este sentido, es preciso aclarar que aunque en este art\u00edculo hacemos uso del t\u00e9rmino \u201cculturismo femenino\u201d, en lo que se entiende estrictamente como tal dentro de las estructuras federativas que regulan este deporte en Espa\u00f1a y, por tanto, en cuanto a competiciones en territorio nacional, presenta una actividad m\u00ednima, concentr\u00e1ndose dichas competiciones en categor\u00edas en las cuales, a priori, se exige un menor grado de musculaci\u00f3n. Dichas categor\u00edas son contempladas bajo las denominaciones\u00a0<em>bodyfitness, phisic femenino<\/em>\u00a0y\u00a0<em>bikini<\/em>, estas dos \u00faltimas de muy reciente implantaci\u00f3n. El estudio de las controversias sobre este proceso de desmuscularizaci\u00f3n del culturismo femenino y sus implicaciones sociales y micropol\u00edticas, en parte abordadas en el trabajo de Tanya Bunsell,\u00a0<em>Strong and Hard Women: an Ethnography of Female Body Building<\/em>\u00a0(Bunsell 2013: 34), quedan por motivos de espacio fuera de los contenidos de este art\u00edculo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a name=\"N_2_\"><\/a>2. El estudio se ha realizado en dos fases: la primera de ellas (2005-2007) financiada por la Direcci\u00f3n General de Drogas y Adicciones de la Junta de Andaluc\u00eda, se incardin\u00f3 en un proyecto de investigaci\u00f3n dirigido por la antrop\u00f3loga Carmen Mozo y centrado en el estudio de la vigorexia en poblaci\u00f3n culturista masculina. La segunda fase (2011-2013), sin financiaci\u00f3n espec\u00edfica, se ha concentrado en el estudio del \u201cculturismo femenino\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a name=\"N_3_\"><\/a>3. A partir de datos extra\u00eddos de las competiciones oficiales de los \u00faltimos a\u00f1os, puede estimarse en un 10% el n\u00famero de mujeres que compiten en Espa\u00f1a en la modalidad m\u00e1s cercana en grado de muscularizaci\u00f3n a lo que antes se llamaba culturismo (es decir en la referida categor\u00eda\u00a0<em>bodyfitness<\/em>) con respecto al total de culturistas (hombres y mujeres). Ello significa un total de unas 50 mujeres en toda Espa\u00f1a, lo que cual es una cifra \u00ednfima en comparaci\u00f3n con las 1.500 licencias de competici\u00f3n que se estiman para ambos sexos (Fuente: IFBB, 2014).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a name=\"N_4_\"><\/a>4. Los manuales de culturismo avanzado hablan m\u00e1s de nutrici\u00f3n que de sistemas de entrenamiento y, como cabe esperar, no son s\u00f3lo t\u00e9cnicos sino que tambi\u00e9n refuerzan el sistema de creencias del culturismo. As\u00ed, en uno de los m\u00e1s populares, puede leerse: \u201cDisfrute de un d\u00eda libre. Adherirse a una dieta requiere disciplina. Con todas las opciones que hay aqu\u00ed, restringir su consumo puede dar lugar a ansiedad, la cual le puede volver irritable. Con esto en mente,\u00a0<em>le concedo permiso<\/em>\u00a0para aliviar el r\u00e9gimen con un poco de holgura. En su d\u00eda libre, usted puede comer lo que quiera. Sea ni\u00f1o en una tienda de dulces. Elimine la ansiedad fuera de su sistema de alimentaci\u00f3n. (\u2026) Usted puede elegir un domingo, o un d\u00eda que coincida con un acontecimiento social en particular, como una fiesta, cumplea\u00f1os, o cualquier otra reuni\u00f3n. Cualquier d\u00eda que escoja, saque el m\u00e1ximo provecho de \u00e9l. No le har\u00e1 da\u00f1o un d\u00eda a la semana \u2013es la disciplina en la dieta a largo plazo la que cuenta\u201d (Evans 2004: 39. Hay edici\u00f3n en espa\u00f1ol:\u00a0<em>Programas de musculaci\u00f3n<\/em>. Ediciones Tutor. Madrid, 2011. Las cursivas son nuestras).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a name=\"N_5_\"><\/a>5. En Jordi 2013 desarrollamos una aproximaci\u00f3n al an\u00e1lisis de la sexualidad en los gimnasios en general y en el deporte del culturismo en particular.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Bornstein, Kate<br \/>\n1995 <em>Gender outlaw<\/em>. New York, Vintage.<\/p>\n<p>Braidotti, Rosi<br \/>\n2005 <em>Metamorfosis. <\/em><em>Hacia una teor\u00eda materialista del devenir<\/em>. Madrid, Akal.<\/p>\n<p>Bunsell, Tanya<br \/>\n2013 <em>Strong and Hard Women: an Ethnography of Female Body Building. <\/em>Milton Park, Abingdon, Oxon, Routledge.<\/p>\n<p>Brace-Govan, Jan<br \/>\n2004 \u201cWeighty matters: Control of women\u2019s access to physical strength\u201d, <em>The Sociological Review<\/em>, n\u00ba 52 (4): 503\u2013531.<br \/>\n<a title=\"&quot;\" href=\"http:\/\/www.onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1111\/sore.2004.52.issue-4\/issuetoc\">DOI: 10.1111\/j.1467-954X.2004.00493<\/a><\/p>\n<p>Castelnuovo, Shirley y Guthrie, Steph<br \/>\n1998 <em>Feminism and the female body: Liberating the Amazon within<\/em>. Londres, Lynne Rienner.<\/p>\n<p>Connell, Raewyn<br \/>\n1995 <em>Masculinidades.<\/em> M\u00e9xico, Programa Universitario de Estudios de G\u00e9nero, Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico, 2003.<\/p>\n<p>Chananie-Hill, Ruth A. (y otros)<br \/>\n2012 \u201cDeviant or Normal? Female Bodybuilders\u2019 Accounts of Social Reactions\u201d, <em>Deviant Behavior<\/em>, n\u00ba 33 (10), 811-830.<br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/abs\/10.1080\/01639625.2011.647592#.VFKCuvl5PUs\">DOI: 10.1080\/01639625.2011.647592<\/a><\/p>\n<p>Esteban, Mari Luz<br \/>\n2004 <em>Antropolog\u00eda del cuerpo. G\u00e9nero, itinerarios corporales, identidad y cambio<\/em>. Barcelona, Edicions Bellaterra.<\/p>\n<p>Evans, Nick<br \/>\n2004 <em>Men\u2019s Body Sculpting. <\/em>Human Kinetics.<\/p>\n<p>Goffman, Ervin<\/p>\n<p>1963 <em>Estigma. La identidad deteriorada<\/em>. Buenos Aires, Amorrortu, 2003.<\/p>\n<p>1983 \u201cThe interaction order\u201d. <em>American sociological review, <\/em>n\u00ba 48: 1-17.<\/p>\n<p>Gracia, Mabel<br \/>\n2010 \u201c(Des)encuentros entre comida, cuerpo y g\u00e9nero\u201d, en Javier Eloy Mart\u00ednez Guirao y Anastasia T\u00e9llez Infantes (eds.), <em>Cuerpo y cultura<\/em>. Barcelona, Icaria: 79-107.<\/p>\n<p>Grogan, Sarah (y otros)<br \/>\n2004 \u201cFemininity and muscularity: Accounts of seven women body builders\u201d, <em>Journal of Gender Studies,<\/em>n\u00ba 13 (1): 49\u201361.<\/p>\n<p>Haraway, Donna J.<br \/>\n1991 <em>Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvenci\u00f3n de la naturaleza<\/em>. Madrid, Ediciones C\u00e1tedra. Universidad de Valencia. Instituto de la Mujer, 1995.<\/p>\n<p>Hughes, Robert y (Jay Coakley)<br \/>\n1991 \u201cPositive Deviance Among Athletes: The Implications of Overconforming to the Sport Ethic\u201d,<em>Sociology of Sport Journal<\/em>, n\u00ba 8: 307\u201325.<\/p>\n<p>Jordi, Mario<br \/>\n2011 \u201cLa vigorexia: un viaje a los l\u00edmites del tecnocuerpo\u201d, <em>Actas del XII Congreso de Antropolog\u00eda,<\/em> Le\u00f3n, FAAEE y AACL: 1273-1282. [En cd-rom].<\/p>\n<p>2013 \u201cEl m\u00fasculo en el centro: masculinidades en los gimnasios contempor\u00e1neos\u201d, en Jos\u00e9 Mar\u00eda Valcuende del R\u00edo, Mar\u00eda Jos\u00e9 Marco Macarro y David Alarc\u00f3n Rubio (coords.), <em>Estudios sobre diversidad sexual en Iberoam\u00e9rica<\/em>. Sevilla, Aconcagua: 321-334.<\/p>\n<p>Kane, Marie Jo<br \/>\n1995 \u201cResistance\/transformation of the oppositional binary: Exposing sport as a continuum\u201d, <em>Journal of Sport and Social Issues<\/em>, n\u00ba 19 (2): 191-218.<\/p>\n<p>Klein, Alan M.<br \/>\n1992 \u201cMan Makes Himself\u2019: Self-objectification and Alienation in Bodybuilding Subculture\u201d, <em>Play and Culture<\/em>, n\u00ba 14 (4): 326-337.<\/p>\n<p>1993 <em>Little Big Men. Bodybuilding Subculture and Gender Construction<\/em>. Albany, State University of New York Press.<\/p>\n<p>Lowe, Maria R.<br \/>\n1998 <em>Women of steel: female bodybuilders and the struggle for self-definition.<\/em> New York, New York University Press.<\/p>\n<p>Linder, Fletcher<br \/>\n2007 \u201cLife as art, and seeing the promise of big bodies\u201d, <em>American Ethnologist<\/em>, n\u00ba 34 (3): 451-472.<\/p>\n<p>Marcos, Javier<br \/>\n2008 \u201cEl observador y lo ex\u00f3tico cotidiano. Unidades de an\u00e1lisis y el estudio de nuestra cambiante y plural realidad sociocultural\u201d, <em>Gazeta de Antropolog\u00eda<\/em>, 2008, n\u00ba 24 (2).<br \/>\n<a href=\"http:\/\/hdl.handle.net\/10481\/6964\">http:\/\/hdl.handle.net\/10481\/6964<\/a><\/p>\n<p>Mauss, Marcel<br \/>\n1934 \u201cTechniques of the body\u201d, <em>Economy and society<\/em>, n\u00ba 2 (1): 70-88.<\/p>\n<p>Monaghan, Lee F.<br \/>\n2001 \u201cLooking good, feeling good: The embodied pleasures of vibrant physicality\u201d, <em>Sociology of Health &amp; Illness,<\/em> n\u00ba 23 (3): 330\u2013356.<\/p>\n<p>Roth, Amanda (y Susan A. Basow)<br \/>\n2004 Femininity, Sports, and Feminism: Developing a Theory of Physical Liberation, <em>Journal of Sport and Social Issues, <\/em>n\u00ba 28 (3): 245-265.\u00a0<a href=\"http:\/\/www.jss.sagepub.com\/content\/28\/3\/245.short\">DOI: 10.1177\/0193723504266990<\/a><\/p>\n<p>Roussel, Peggy (y Jean Griffet)<br \/>\n2000 \u201cThe path chosen by female bodybuilders: A tentative interpretation\u201d, <em>Sociology of Sport Journal,<\/em> n\u00ba 17: 130\u2013150.<\/p>\n<p>Roussel, Peggy (y otros)<br \/>\n2010 \u201cThe metamorphosis of female bodybuilders: Judging a paroxysmal body?\u201d, <em>International Review For The Sociology Of Sport<\/em>, n\u00ba 45 (1): 103-109. <a href=\"http:\/\/www.irs.sagepub.com\/content\/45\/1.author-index\">DOI:10.1177\/1012690209353371<\/a><\/p>\n<p>Sennet, Richard<br \/>\n2008 <em>El artesano<\/em>. Anagrama, Barcelona, 2009.<\/p>\n<p>Shea, B. Christine<br \/>\n2001 \u201cThe paradox of pumping iron: female bodybuilding as resistance and compliance\u201d, <em>Women &amp; Language<\/em>, n\u00ba 24: 42\u201346.<\/p>\n<p>Schilling, Chris (y Tania Bunsel)<br \/>\n2009 \u201cThe female bodybuilder as a gender outlaw\u201d, <em>Qualitative Research in Sport and Exercise<\/em>, n\u00ba 1 (2): 141-159.\u00a0<a href=\"http:\/\/www.tandfonline.com\/toc\/rqrs20\/1\/2#.VFKFO_l5PUs\">DOI: 10.1080\/19398440902909009<\/a><\/p>\n<p>Shippert, Claudia<br \/>\n2007 \u201cCan Muscles be Queer? Reconsidering the Transgressive Hyper-built Body\u201d, <em>Journal Of Gender Studies<\/em>, n\u00ba 16 (2): 155-171.\u00a0<a href=\"http:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/abs\/10.1080\/09589230701324702#.VFKEafl5PUs\">DOI:10.1080\/09589230701324702<\/a><\/p>\n<p>Valcuende, Jos\u00e9 Mar\u00eda<br \/>\n2006 \u201cDe la heterosexualidad a la ciudadan\u00eda\u201d, <em>AIBR, Revista de Antropolog\u00eda Iberoamericana, <\/em>n\u00ba 1 (1): 125-142.<\/p>\n<p>Wacquant, Lo\u00efc<br \/>\n2000 <em>Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador<\/em>. Madrid, Alianza, 2004.<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"margin: 20px 0;\"><div class=\"qrcswholewtapper\" style=\"text-align:left;\"><div class=\"qrcprowrapper\"  id=\"qrcwraa2leds\"><div class=\"qrc_canvass\" id=\"qrc_cuttenpages_2\" style=\"display:inline-block\" data-text=\"https:\/\/fisicos21.com\/?p=10924\"><\/div><div><a download=\"Estudio sobre las f\u00e9meninas en el Deporte del Culturismo, por Mario Jordi.png\" class=\"qrcdownloads\" id=\"worign\">\r\n           <button type=\"button\" style=\"min-width:206px;background:#dddddd;color:#000;font-weight: 600;border: 1px solid #dddddd;border-radius:4px;font-size:12px;padding: 6px 0;\" class=\"uqr_code_btn\">Download QR<\/button>\r\n           <\/a><\/div><\/div><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estudio sobre las categor\u00edas femeninas del Deporte del Culturismo por Mario Jordi Mario Jordi S\u00e1nchez profesor de la Universidad de Pablo Olavide (Sevilla) ha realizado un estudio en profundidad de los comportamientos que entre\u00f1an el culturismo en su versi\u00f3n femenina. 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